Día del Microbiólogo

Hoy, 28 de septiembre, se conmemora el día del microbiólogo.

Nos recuerda la muerte en el año 1895 de Louis Pasteur.

Podemos hablar de un gran número de descubrimientos del gran sabio francés, desde sus comienzos como químico descubriendo los isómeros ópticos del ácido tartárico y las enfermedades del vino (que tenían muy preocupados a los bodegueros) demostrando con un microscopio que unos bacilos contaminaban los toneles acidificándolo (procedimiento usado para convertir el vino en vinagre).

Pero su gloria mayor está en demostrar, mediante una serie de ingeniosos experimentos, que la generación espontánea no existía, como se creía hasta entonces. Todo lo viviente provenía de otros seres vivientes.  Esto fundó las bases sólidas de la microbiología y el comienzo de los grandes descubrimientos en este campo.

Igualmente, la demostración científica de la vacunación, que ya era conocida empíricamente por Jenner con la viruela. Pero Pasteur sentó sus bases científicas en el famoso experimento en Pouille le Fort donde infecta con el mortal Bacillus anthracis (productor del carbunclo) a 50 ovejas, 25 previamente vacunadas y 25 sin vacunar, no muriendo las 25 vacunadas.

Posiblemente se lo recuerde más por el descubrimiento de la vacuna de la rabia, enfermedad que, debido a su compasión por los semejantes, desgarraba su alma al ver niños muertos por la mordedura de los perros rabiosos.

Apoteótico fue el  reconocimiento hecho a Pasteur cuando, a los 70 años, se le hace un homenaje en la Sorbona, donde ante una multitudinaria cantidad de gente, que incluía al presidente de Francia, la Banda Republicana y al gran cirujano inglés Lister (que había descubierto como desinfectar las heridas con fenol), pronuncia, en voz de su hijo, debido al deteriorado estado de salud, el discurso inolvidable que en parte decía:

“No os dejéis corromper por un escepticismo estéril y deprimente, no os desalentéis ante la tristeza de ciertas horas que pasan sobre las naciones. Vivid en la serena paz de los laboratorios y bibliotecas. Preguntaos primero: ¿Que he hecho para instruirme? Y después a medida que vayáis progresando: ¿Qué he hecho por mi patria? Hasta que llegue el día en que podáis tener la íntima satisfacción de pensar que habéis contribuido de alguna manera al progreso y bienestar de la Humanidad.”

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